viernes, 4 de marzo de 2016

Habitar el aula I (De la clase a la reunión)

La reunión, en un sentido amplio, es aquel acto en el que un grupo de personas se reúnen para intercambiar opiniones o discutir temas de interés común en un clima agradable.











Algo tan sencillo como entender que el aprendizaje del alumnado se verá favorecido en un clima acogedor parece no interesar a ciertos sectores de la sociedad. El inmovilismo como término de actualidad en política sigue muy presente en la educación y en gran cantidad de docentes, que por puro conformismo y comodidad, se adaptan a lo que ya hay preestablecido dándolo por bueno y considerándolo la mejor opción, concibiendo esa actitud como normal y apropiada.

Lo que debemos tener claro como docentes es que los acontecimientos no surgen de la nada y mucho menos vienen en volandas de la mano de las esferas políticas que nos representan como conjunto social, por lo que considero que dar el paso hacia una innovación estilística y organizativa del aula es primordial para acrecentar, afianzar y suscitar el interés del alumnado por acudir al colegio.

Nosotros, junto con el alumnado, somos dueños de lo que ocurre dentro de las aulas así como de la transformación de la misma. Realizar en consenso una revolución organizativa de espacios y mobiliario es vital para que el aprendizaje suceda, donde el aula se convierta en el lugar en el que se construye conjuntamente el aprendizaje.

Basta ya de pupitres de colores amargos, que incluso en ocasiones se encuentran anclados al suelo, dispuestos todos y cada uno de ellos simétricamente como si de un ejército en formación se tratase, por no hablar de la incomodidad y diseño de los mismos.

Basta ya de paredes vacías que a menudo recuerdan la típica escena cinematográfica de las habitaciones de un manicomio donde encierran a los enfermos más peligrosos.

Basta ya de jerarquizar la educación a través de una tarima que solamente sirve para ensalzar la figura docente y recordar al alumnado que quien tiene el poder es el maestro. También, algo que todavía me sigue llamando la atención es que la mesa del profe sea tres veces más amplia que la del alumnado, acompañada de una silla con acolchado y ruedas. A primera vista  pueden resultar aspectos totalmente normales y adecuados, pero si miramos más allá y vemos el trasfondo del asunto, nos damos cuenta de que la violencia simbólica se hace presente en la educación a todos los niveles.

Basta ya de cerrar la puerta constituyendo así un hermetismo entre aula y espacio exterior. Bien es cierto que hay determinados docentes que no quieren que otros puedan ver o escuchar lo que sucede en el aula bien, por miedo a ser juzgados,  por tradición protocolaria o ambas.

Basta ya de masificar las aulas coartando la posibilidad de instaurar la reunión dentro de las anteriores. De este modo, se necesitan menos maestros y por tanto, menos inversión en educación.


Tenemos la llave para obtener el cambio que tanto deseamos. Adentremos la reunión como una nueva concepción de entender la relevancia del aprendizaje en este contexto, el cual debe constituir un espacio en el que nos sentimos identificados, ya que, a fin de cuentas, donde nos sentimos más a gusto es en aquellos lugares en los que decidimos estar.

Por favor, !BASTA YA¡




Otra educación es posible, .... ¡es necesaria!

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