La reunión, en un sentido amplio, es aquel acto en el que un
grupo de personas se reúnen para intercambiar opiniones o discutir temas de
interés común en un clima agradable.
Algo tan sencillo como entender que el aprendizaje del
alumnado se verá favorecido en un clima acogedor parece no interesar a ciertos
sectores de la sociedad. El inmovilismo como término de actualidad en política
sigue muy presente en la educación y en gran cantidad de docentes, que por puro
conformismo y comodidad, se adaptan a lo que ya hay preestablecido dándolo por
bueno y considerándolo la mejor opción, concibiendo esa actitud como normal y
apropiada.
Lo que debemos tener claro como docentes es que los
acontecimientos no surgen de la nada y mucho menos vienen en volandas de la
mano de las esferas políticas que nos representan como conjunto social, por lo
que considero que dar el paso hacia una innovación estilística y organizativa
del aula es primordial para acrecentar, afianzar y suscitar el interés del
alumnado por acudir al colegio.
Nosotros, junto con el alumnado, somos dueños de lo que
ocurre dentro de las aulas así como de la transformación de la misma. Realizar
en consenso una revolución organizativa de espacios y mobiliario es vital para
que el aprendizaje suceda, donde el aula se convierta en el lugar en el que se
construye conjuntamente el aprendizaje.
Basta ya de pupitres de colores amargos, que incluso en
ocasiones se encuentran anclados al suelo, dispuestos todos y cada uno de ellos
simétricamente como si de un ejército en formación se tratase, por no hablar de
la incomodidad y diseño de los mismos.
Basta ya de paredes vacías que a menudo recuerdan la típica
escena cinematográfica de las habitaciones de un manicomio donde encierran a
los enfermos más peligrosos.
Basta ya de jerarquizar la educación a través de una tarima
que solamente sirve para ensalzar la figura docente y recordar al alumnado que quien
tiene el poder es el maestro. También, algo que todavía me sigue llamando la
atención es que la mesa del profe sea tres veces más amplia que la del
alumnado, acompañada de una silla con acolchado y ruedas. A primera vista pueden resultar aspectos totalmente normales
y adecuados, pero si miramos más allá y vemos el trasfondo del asunto, nos
damos cuenta de que la violencia simbólica se hace presente en la educación a
todos los niveles.
Basta ya de cerrar la puerta constituyendo así un hermetismo
entre aula y espacio exterior. Bien es cierto que hay determinados docentes que
no quieren que otros puedan ver o escuchar lo que sucede en el aula bien, por
miedo a ser juzgados, por tradición
protocolaria o ambas.
Basta ya de masificar las aulas coartando la posibilidad de
instaurar la reunión dentro de las anteriores. De este modo, se necesitan menos
maestros y por tanto, menos inversión en educación.
Tenemos la llave para obtener el cambio que tanto deseamos.
Adentremos la reunión como una nueva concepción de entender la relevancia del
aprendizaje en este contexto, el cual debe constituir un espacio en el que nos
sentimos identificados, ya que, a fin de cuentas, donde nos sentimos más a
gusto es en aquellos lugares en los que decidimos estar.
Por favor, !BASTA YA¡
Otra educación es posible, .... ¡es necesaria!



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