Algo nuevo acontecía la mañana del 10 de Febrero cuando para
sorpresa del alumnado, el profesor de Educación Plástica nos citaba en el hall
de la Universidad para llevar a cabo la presentación y primera clase de la
asignatura.
“Descolocar” el mobiliario común ubicado en el lugar en
cuestión fue el primer paso para habitarlo entre todos nosotros, rompiendo con
el paradigma tradicional de lo que se supone que es una clase modelo. Acto
seguido nos colocamos en torno a un gran círculo, nos podíamos ver las caras
unos a otros; ohhhhhh… algo que no sucede en un aula convencional, en la que
cuando un alumno de las últimas filas interviene, el resto se gira hacia atrás como
si de robots programados se tratase…
Bromas aparte y para más inri y asombro, nos descalzamos y
depositamos las zapatillas, zapatos, botas, manoletinas… dentro del gran
círculo, había diversidad.
Por un momento parecía que el tiempo se parase, éramos
protagonistas de una nueva concepción educativa de la que otros alumnos y
personas ajenas a la vida universitaria fueron testigos perplejos ante tal
estampa tan poco usual pero a la vez vital e ineludible.
Fotografiar aquel
instante, poder enmarcarlo y compartirlo con el mundo, fue maravilloso y
fascinante, y que además, haya podido entrar en nuestra
historia y en la de otros con un simple “flash”, roza lo extraordinario.
Este acto, sin duda,
es algo que no olvidaré en la vida ya que constituyó algo nuevo en mi mente,
algo desconocido hasta el momento pero que después de tres semanas, ya concibo
como una situación normal.
Surge de este modo, algo nuevo para nosotros, la reunión en
detrimento de la jaula, de la cual formamos parte todos y cada uno de los días
lectivos del año y que, personalmente, veo la necesidad de cambiar si queremos
una educación adecuada al tiempo en que nos encontramos.

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